Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Michigan (MSU), en Estados Unidos, descubrió una asociación genética clave entre mutaciones raras en el gen PLIN4 y la anorexia nerviosa. El hallazgo, publicado en la revista científica Frontiers in Psychiatry, aporta evidencias de que la biología metabólica y la regulación de las grasas corporales desempeñan un papel determinante en la predisposición y desarrollo de esta condición, considerada históricamente como una patología de origen exclusivamente psiquiátrico.
Mediante la secuenciación del exoma de 154 pacientes no emparentados con antecedentes familiares del trastorno, los científicos identificaron que el 11% de los participantes (17 individuos) portaba variantes raras y potencialmente dañinas en el gen PLIN4. Esta cifra contrasta significativamente con el 3,2% observado en la población europea de referencia, lo que indica que las personas con anorexia analizadas tienen aproximadamente 3,86 veces más probabilidades de presentar estas alteraciones genéticas en su metabolismo.
A diferencia de la mayoría de las dianas estudiadas en psiquiatría, el gen PLIN4 codifica la perilipina 4, una proteína fundamental en la estructura de las gotas lipídicas encargadas de almacenar grasa celular para su posterior uso energético. Asimismo, su actividad biológica se concentra predominantemente en el tejido adiposo y en el músculo esquelético, registrando una presencia mínima en el cerebro adulto. Este patrón sugiere que parte de la vulnerabilidad biológica frente a la enfermedad se origina en los tejidos metabólicos periféricos.
El estudio reveló además patrones clínicos específicos en los portadores de estas variantes, destacando que ocho de los 17 pacientes con alteraciones en PLIN4 padecían hiperlipidemia o niveles elevados de lípidos en sangre. De igual manera, se observaron indicios de un inicio más temprano del trastorno y un índice de masa corporal (IMC) mínimo significativamente más bajo en comparación con los no portadores, lo que refuerza la hipótesis de una alteración directa en el procesamiento y reserva de los nutrientes lípidos.
Los autores del trabajo enfatizaron que la anorexia nerviosa es una patología poligénica y multifactorial, por lo que la presencia de mutaciones en PLIN4 no constituye una causa única ni determinante por sí sola. No obstante, el descubrimiento ayuda a desmontar concepciones simplistas sobre la afección, situando la regulación del peso corporal y la gestión energética junto a los factores psicológicos y socioambientales dentro del esquema de vulnerabilidad biológica del paciente.
Pese al potencial de este avance para el desarrollo de futuras dianas terapéuticas orientadas al metabolismo lipídico, los especialistas instaron a la cautela y señalaron la necesidad de validar los resultados en cohortes poblacionales más amplias y diversas. Por el momento, el hallazgo abre una nueva línea de investigación biomédica al demostrar que los mecanismos de la anorexia no solo se concentran en el sistema nervioso central, sino también en los procesos periféricos de almacenamiento energético.