El diagnóstico a tiempo abre un camino de esperanza ante la esclerosis múltiple en Argentina

El diagnóstico a tiempo abre un camino de esperanza ante la esclerosis múltiple en Argentina

La esclerosis múltiple (EM) se consolida como una enfermedad autoinmune, crónica y de evolución totalmente impredecible que afecta a miles de ciudadanos en Argentina y a más de 1,8 millones de personas a nivel global, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta condición patológica se desencadena cuando el propio sistema inmunológico del organismo ataca de forma directa la mielina, que es la capa protectora que recubre las fibras nerviosas localizadas en el cerebro y la médula espinal. Dicha agresión biológica provoca interrupciones severas en la comunicación entre el cerebro y el resto de los órganos corporales, manifestando una amplia variedad de alteraciones funcionales.

A nivel epidemiológico, la esclerosis múltiple no posee un carácter contagioso ni se transmite de manera directa de padres a hijos; si bien se reconoce la existencia de una predisposición genética, la ciencia médica descarta la presencia de un gen único responsable de su aparición.

Las estadísticas demuestran que las mujeres resultan significativamente más afectadas por esta afección que los hombres, un patrón demográfico que se replica tanto en el territorio argentino como a escala internacional. De acuerdo con los registros de la OMS, la incidencia de la enfermedad en Argentina oscila en un rango de entre 23,8 y 48,3 casos por cada 100.000 habitantes, manifestándose con mayor frecuencia en personas jóvenes cuyas edades se ubican entre los 20 y los 40 años.

El diagnóstico oportuno representa uno de los mayores desafíos clínicos debido a que la patología suele presentarse mediante signos sutiles, invisibles y sumamente diversos. Los síntomas iniciales más comunes abarcan un cuadro de fatiga persistente que no cede bajo los efectos del descanso, debilidad muscular, problemas de equilibrio, hormigueos, entumecimiento físico, dificultades cognitivas y alteraciones visuales como la visión borrosa.

La doctora Adriana Carrá, neuróloga y directora médica de la La asociación Esclerosis Múltiple Argentina (EMA), advirtió que la variabilidad en la intensidad y la aparición intermitente de estas manifestaciones clínicas provocan que los signos se confundan con situaciones de la vida cotidiana o con afecciones de menor gravedad, retrasando peligrosamente la identificación real del trastorno.

La instauración precoz de tratamientos modificadores del curso de la enfermedad resulta crucial para evitar el desarrollo de lesiones neurológicas de carácter irreversible. María Cecilia Pita, especialista médica de la firma Roche, señaló que en la actualidad se dispone de terapias específicas y estrategias de seguimiento destinadas a reducir la actividad de la enfermedad y optimizar la calidad de vida de los pacientes.

El diagnóstico temprano no solo asegura el suministro de medicamentos de vanguardia, sino que también viabiliza un abordaje interdisciplinario integral que incorpora la rehabilitación física, la fonoaudiología, la terapia ocupacional, el apoyo psicológico y el acompañamiento social para preservar la funcionalidad del individuo. Por el contrario, la doctora Carrá remarcó que cualquier demora o interrupción en el inicio de las terapias incrementa el riesgo clínico de reactivación de la enfermedad y fomenta la aparición de nuevos daños en el tejido nervioso.