Una investigación liderada por el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) en España aportó una pista concreta sobre las dinámicas internas del corazón durante un paro cardíaco por fibrilación ventricular.
El estudio determinó que el ventrículo derecho muestra una resistencia significativamente mayor ante la falta de oxígeno en comparación con el ventrículo izquierdo. Publicado en la revista científica Cardiovascular Research, el trabajo observó que la cavidad derecha mantiene su actividad eléctrica por más tiempo cuando se interrumpe el flujo sanguíneo, un hallazgo que abre nuevas puertas para anticipar el pronóstico neurológico de los pacientes.
El descubrimiento adquiere especial relevancia en el ámbito de la salud pública global. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades cardiovasculares se posicionan como la principal causa de muerte en todo el mundo, cobrándose la vida de 19,8 millones de personas en 2022, cifra que representa cerca del 32% de la mortalidad global. Durante un paro cardíaco, la interrupción del bombeo de sangre provoca isquemia, privando a las células de oxígeno y energía, siendo el cerebro el órgano más vulnerable ante este proceso.

El equipo científico centró su análisis en la fibrilación ventricular, una de las arritmias más letales, caracterizada por desorganizar la actividad eléctrica y hacer que los ventrículos dejen de contraerse de manera coordinada. Bajo la dirección de David Filgueiras Rama, responsable del grupo de Desarrollo Avanzado de Mecanismos y Terapias de Arritmias del CNIC, las pruebas describieron que el ventrículo derecho preserva sus funciones metabólicas durante un intervalo mayor. Por el contrario, el ventrículo izquierdo pierde antes esta capacidad, demostrando una tolerancia mucho menor a la falta de riego sanguíneo.
La investigación también examinó las diferencias entre el epicardio (la capa externa del corazón) y el endocardio (la capa interna). Tras analizar estas estructuras, los expertos detectaron variaciones notorias entre regiones, lo que confirma que el daño tisular progresa de manera desigual. No obstante, incluso al comparar zonas equivalentes en ambas cavidades, el ventrículo derecho se ratificó como el tejido más resistente. Para consolidar la consistencia de estas conclusiones, los resultados biológicos se validaron mediante experimentos de laboratorio y simulaciones informáticas desarrolladas en conjunto con la Universidad Politécnica de Valencia.

Uno de los aportes con mayor proyección clínica del estudio es la conexión entre estas diferencias fisiológicas y los patrones que se registran en el electrocardiograma superficial. Filgueiras Rama sostuvo que dicha herramienta, ampliamente accesible en la práctica médica, permite predecir la probabilidad de recuperación neurológica tras el ingreso hospitalario del paciente. Dado que el electrocardiograma refleja la velocidad a la que se deterioran ambas cavidades bajo isquemia, se convierte en un indicador indirecto pero temprano de la severidad del episodio y del riesgo de secuelas en el cerebro.
El hallazgo del CNIC sienta las bases para el diseño de terapias dirigidas a proteger el tejido cardíaco más vulnerable. Jorge García Quintanilla, investigador del CNIC y miembro de CIBERCV, señaló que comprender los mecanismos de tolerancia del ventrículo derecho podría guiar tratamientos enfocados en reducir el daño específico en el izquierdo. En este sentido, Andrés Redondo Rodríguez, autor principal del artículo, destacó el valor de combinar la investigación experimental, las simulaciones y el análisis clínico para avanzar en un campo que ha registrado progresos terapéuticos limitados durante las últimas décadas.