Las autoridades de la República Democrática del Congo (RDC) han identificado un total de 1.028 casos sospechosos de ébola en el país, según informó el ministro de Salud, Samuel Roger Kamba, durante una comparecencia ante los medios de comunicación.
La cifra representa un incremento significativo respecto a los 906 casos sospechosos contabilizados la jornada anterior. El ministro detalló además que, del total de reportes bajo investigación epidemiológica, el número de casos confirmados por pruebas de laboratorio asciende a 255.
El brote infeccioso, que fue declarado originalmente en la provincia congoleña de Ituri, corresponde a la cepa Bundibugyo del virus. De acuerdo con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta variante específica del ébola posee una tasa de letalidad que oscila entre el 30% y el 50%. La gravedad de la situación se ve acentuada por el hecho de que actualmente no se dispone de ninguna vacuna autorizada ni de un tratamiento terapéutico específico para combatir esta cepa en particular.

Ante la evolución de la crisis sanitaria, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, se trasladó a Kinsasa, la capital de la RDC, para coordinar la respuesta institucional con las autoridades locales y tiene previsto viajar próximamente a Bunia, capital de la provincia de Ituri.
Durante su visita, el máximo responsable de la agencia internacional desaconsejó la aplicación de restricciones de entrada a los viajeros procedentes de la nación afectada. Tedros argumentó que este tipo de prohibiciones migratorias no contribuyen a la contención del brote, sosteniendo que el enfoque más efectivo es intensificar las medidas de control en el foco de origen y brindar el apoyo logístico necesario.
Las evaluaciones de la OMS indican que el virus probablemente comenzó a circular en la provincia de Ituri unos dos meses antes de que la epidemia fuera declarada formalmente como una "emergencia de salud pública de importancia internacional". Debido a la velocidad de propagación, el organismo elevó recientemente la clasificación de riesgo de "alto" a "muy alto" dentro del territorio de la RDC. Sin embargo, la evaluación del nivel de peligro se mantuvo en la categoría de "alto" para el resto de la región del África subsahariana y se conserva como "bajo" a escala global.
Este escenario representa el decimoséptimo brote de ébola registrado en la RDC desde la primera detección histórica del virus en el año 1976. Debido a la permeabilidad de las fronteras y los flujos poblacionales, un total de once países africanos se encuentran actualmente catalogados en situación de "alto riesgo" de verse afectados por la propagación de la enfermedad. Las alarmas regionales ya se han activado tras confirmarse la extensión del virus fuera de las fronteras congoleñas.

En la vecina Uganda, el Ministerio de Salud notificó la detección de dos nuevos casos positivos, lo que eleva el balance total a nueve contagios confirmados en su territorio, incluyendo un fallecimiento correspondiente a un ciudadano congoleño cuyo caso es considerado como un contagio importado. El director general de Servicios de Salud de Uganda, Charles Olaro, precisó a través de un comunicado que los nuevos infectados son ciudadanos congoleños y que todos sus contactos directos ya han sido identificados y puestos bajo un estricto seguimiento médico.
Olaro detalló que las brigadas de respuesta rápida lograron aislar al primer paciente inmediatamente después de la aparición de la sintomatología, mientras que el segundo contagio se detectó en un individuo que ya se encontraba bajo vigilancia por haber sido contacto de un caso positivo previo.