Dos investigaciones publicadas en la revista científica Nature Cancer han descifrado los mecanismos moleculares que utiliza el cáncer colorrectal para propagarse por el organismo y protegerse ante las defensas del cuerpo. Los estudios demuestran que las células tumorales poseen una gran capacidad de transformación, modificando sus señales internas para desprenderse del colon y colonizar órganos vitales como el hígado y los pulmones. Este hallazgo abre la puerta al desarrollo de nuevos tratamientos dirigidos a desactivar estos mecanismos antes de que la enfermedad se extienda.
El primer gran avance revela que el proceso de metástasis está controlado por el equilibrio de dos vías de comunicación interna de las células, denominadas MAPK y WNT. Aunque ambas proteínas trabajan juntas para iniciar el tumor en el colon, los científicos descubrieron que cambian por completo su comportamiento al momento de expandirse: la vía MAPK se activa al máximo mientras que la vía WNT se apaga. Este sutil "intercambio de funciones" altera el mapa genético de la célula y le otorga la plasticidad necesaria para viajar a través del torrente sanguíneo hacia otros órganos de forma agresiva.

A través de vasos comunicantes en modelos de laboratorio, el equipo de investigación logró revertir este estado agresivo aplicando un fármaco diseñado para bloquear una mutación genética específica llamada KRAS G12D. Al frenar este mecanismo, se redujo drásticamente la aparición de lesiones secundarias en tejidos hepáticos y pulmonares. Para comprobar la relevancia de este hallazgo en humanos, los autores cruzaron sus datos con registros clínicos de grandes ensayos internacionales, confirmando que los pacientes que presentaban este desequilibrio celular específico registraban los pronósticos de supervivencia más bajos.
"Comprender el mecanismo subyacente al proceso metastásico es esencial para desarrollar tratamientos eficaces", señalaron los autores del estudio en su publicación, destacando la importancia de rastrear cómo mutan estas firmas genéticas durante la evolución de la enfermedad.
El segundo estudio publicado en la revista aborda otra de las grandes barreras de la oncología moderna: por qué el sistema inmunitario no logra destruir las células cancerosas. La investigación identificó que el propio tumor manipula a un grupo de glóbulos blancos, llamados neutrófilos patológicos, para que actúen como un escudo protector. Estos neutrófilos utilizan una proteína específica, la CD300ld, para unirse directamente a los linfocitos T CD8+ (las células encargadas de atacar el cáncer) y "apagarlas" mediante contacto físico directo, impidiendo que destruyan el tumor.

Los científicos lograron diseñar anticuerpos neutralizantes capaces de bloquear la unión de esta proteína, demostrando una notable eficacia para frenar el crecimiento de tumores ya establecidos. Además, al combinar este nuevo tratamiento con las inmunoterapias actuales, se observó un efecto sinérgico que multiplica la capacidad de respuesta del organismo. Los resultados de ambos trabajos ya han sido compartidos en las principales bases de datos genéticas globales para que laboratorios de todo el mundo puedan utilizarlos en el diseño de terapias de precisión.