¿Es el autismo una sola condición? Un estudio cuestiona el enfoque actual del TEA

El futuro del tratamiento del autismo no está en encontrar “la cura”, sino en identificar “las curas” para cada subtipo biológico

¿Es el autismo una sola condición? Un estudio cuestiona el enfoque actual del TEA

Un análisis publicado en Molecular Psychiatry por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y el Instituto Broad del MIT y Harvard argumenta que el trastorno del espectro autista (TEA) no debería tratarse como una única condición clínica. La extrema heterogeneidad genética, neuronal y conductual del TEA —con más de 100 genes implicados, síntomas que van desde genialidades savant hasta desafíos severos en comunicación y patrones de inflamación cerebral radicalmente distintos— hace imposible un diagnóstico y tratamiento unificado, frenando avances en terapias personalizadas.

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Los autores, liderados por el Dr. Kevin Bender y la Dra. Helen Bateup, revisaron datos genéticos de más de 100.000 personas con TEA y concluyen que el actual criterio diagnóstico basado solo en comportamiento (DSM-5) agrupa condiciones biológicamente distintas bajo una misma etiqueta, similar a lo que ocurriría si agrupáramos todas las fiebres como una sola enfermedad sin distinguir entre gripe, neumonía o malaria.

La heterogeneidad del TEA: más allá del comportamiento

El estudio identifica al menos cinco subtipos biológicos principales dentro del espectro:

  1. Alteraciones sinápticas (40% de casos): mutaciones en genes como SHANK3 o CHD8 que afectan la formación de sinapsis.
  2. Inflamación cerebral crónica (25%): activación inmune persistente y microglía hiperactiva, vinculada a regresión autista.
  3. Disfunción canalopatías (15%): alteraciones en canales iónicos que generan hiperexcitabilidad neuronal.
  4. Epilepsia comórbida (10%): con patrones EEG específicos y respuesta diferente a tratamientos.
  5. Síndromes genéticos raros (10%): como síndrome de Rett o X frágil, con fenotipos muy distintos.

Cada subtipo responde de manera diferente a intervenciones: por ejemplo, la rapamicina (inhibidor de mTOR) mejora síntomas en modelos con inflamación, pero empeora en casos sinápticos puros. El 70% de los ensayos clínicos fallidos en TEA usaron poblaciones heterogéneas, diluyendo efectos reales en subgrupos específicos.

Consecuencias del enfoque actual

Diagnosticar todo como “TEA” genera:

  • Falsos negativos: niños con inflamación cerebral severa etiquetados como “autismo leve”.
  • Falsos positivos: personas con alta inteligencia y ansiedad social incluidas en el espectro.
  • Terapias ineficaces: medicamentos que funcionan en un 20% del grupo pero se descartan por falta de efecto global.
  • Estigma innecesario: familias de niños con síndromes genéticos raros tratadas como “autismo clásico”.

Los autores comparan el TEA actual con la “fiebre” del siglo XIX: un síntoma común que engloba docenas de enfermedades distintas. Solo cuando se separaron malaria, tuberculosis y neumonía se pudieron desarrollar tratamientos efectivos.

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Hacia un nuevo paradigma: subtipos biológicos

El estudio propone reemplazar el diagnóstico conductual por un modelo de “autismos” (en plural), usando biomarcadores:

  • Genéticos: paneles de secuenciación para los 100+ genes asociados.
  • Neuroinflamatorios: niveles de citoquinas y activación microglial en LCR.
  • Electroencefalográficos: patrones específicos de actividad cerebral.
  • Metabólicos: perfiles de aminoácidos y ácidos grasos.

Este enfoque ya está dando resultados: en un ensayo de 2024, niños con inflamación cerebral respondieron al 80% a antiinflamatorios, mientras que el grupo sin inflamación no mostró cambios.