Un estudio reciente publicado en la revista Pediatrics confirma que los niños que reciben un smartphone antes de los 12 años enfrentan un riesgo significativamente mayor de depresión, obesidad e insomnio en comparación con aquellos que no lo tienen en esa edad temprana. La investigación, realizada por expertos del Children's Hospital of Philadelphia en colaboración con la Universidad de California en Berkeley y Columbia University, analizó datos de más de 10.000 adolescentes estadounidenses entre 2016 y 2022, revelando que el 60% de los niños ya poseían un smartphone a los 12 años, con una mediana de entrega a los 11 años. Los resultados muestran que estos niños tienen un 30% más de riesgo de depresión, un 40% mayor probabilidad de obesidad y un 60% más de insomnio, lo que subraya la urgencia de retrasar la entrega hasta la secundaria para preservar el bienestar emocional y las interacciones cara a cara.
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Especialistas como el Dr. Ran Barzilay, psiquiatra infantil del CHOP y coautor principal, insisten en que "el smartphone no es solo un juguete: altera el desarrollo cerebral y social, priorizando pantallas sobre el juego físico y el sueño reparador". El estudio, parte del Adolescent Brain Cognitive Development, es el primero en vincular directamente la edad de adquisición con estos riesgos, alineándose con revisiones de la American Psychological Association que asocian el tiempo de pantalla con problemas socioemocionales.
Los riesgos específicos del smartphone temprano
La depresión se multiplica por 1.3 en niños con smartphone a los 12 años, según el análisis, posiblemente por exposición a redes sociales que fomentan comparaciones tóxicas y ciberacoso. La obesidad aumenta un 40% debido a sedentarismo: los niños pasan hasta 4 horas diarias en pantallas, reduciendo actividad física y alterando hábitos alimenticios. El insomnio es el más alarmante, con un riesgo 1.6 veces mayor: la luz azul suprime la melatonina, retrasando el sueño en 30-60 minutos y fragmentando el descanso nocturno.
Incluso en niños de 13 años sin smartphone a los 12 pero que lo obtienen en el año siguiente, los riesgos persisten, con peores resultados mentales y sueño insuficiente. El Dr. Barzilay explica: "El cerebro adolescente es plástico, pero el uso excesivo reconfigura circuitos de recompensa, priorizando dopamina digital sobre interacciones reales".
Por qué esperar hasta la secundaria
Retrasar la entrega hasta los 14-15 años permite un desarrollo emocional más sólido, con mayor tiempo para juego libre, deporte y relaciones cara a cara que fomentan empatía y resiliencia. La American Academy of Pediatrics recomienda "esperar y ser intencional": sin smartphones personales antes de secundaria, limitando a dispositivos familiares supervisados. Estudios como el de Jonathan Haidt en "The Anxious Generation" (2024) vinculan el auge de ansiedad juvenil al "Gran Re-Rewiring" de 2010-2015, cuando los smartphones se masificaron, coincidiendo con un 150% de aumento en depresión adolescente.
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En Latinoamérica, donde el 70% de niños de 10-12 años ya tiene smartphones según UNICEF, los riesgos se amplifican por desigualdades: menor acceso a supervisión y mayor exposición a contenidos tóxicos.
Recomendaciones de expertos para padres
Monitorea el uso desde el inicio: establece reglas familiares como no en habitaciones, límites de 1-2 horas diarias y apps parentales para bloquear contenido inapropiado. Prioriza actividades offline: deporte, lectura y conversaciones familiares fortalecen lazos y reducen ansiedad. Si ya tienen uno, evalúa chequeos mentales anuales y promueve "desintox digital" semanal.
La Dra. Linda Bell, epidemióloga de Carolina del Sur, resume: "Los smartphones son herramientas, no derechos de infancia. Esperar salva mentes jóvenes".

