Un reciente meta-análisis de 17 ensayos clínicos aleatorizados, con un total de 66.337 participantes principalmente de Norteamérica y Europa, revela que reducir el consumo de grasas saturadas —presentes en alimentos como manteca, queso y carnes— ofrece poco o ningún beneficio para personas con bajo riesgo cardiovascular en un período de cinco años.
Sin embargo, en individuos con alto riesgo, esta reducción se asocia con disminuciones importantes en mortalidad y eventos cardiovasculares graves, como infartos o accidentes cerebrovasculares, según el estudio publicado en Annals of Internal Medicine el 15 de diciembre de 2025.
Los investigadores, liderados por Bradley Johnston de la Universidad Texas A&M, encontraron evidencia de certeza baja a moderada de que limitar las grasas saturadas podría reducir ligeramente la mortalidad por todas las causas, la mortalidad cardiovascular y los infartos no fatales, pero estos efectos solo se manifestaron de forma significativa en poblaciones de alto riesgo. En personas de bajo riesgo, no se observaron beneficios claros a corto plazo.

En un editorial acompañante, el Dr. Ramon Estruch y la Dra. Rosa Lamuela-Raventós, de la Universidad de Barcelona, afirmaron que la percepción de las grasas saturadas ha evolucionado: “Ha pasado de estrictamente dañinas a efectos intermedios, e incluso protectores para algunos subtipos en lácteos”. Criticaron la hipótesis dieta-corazón tradicional por basarse en evidencia débil y destacaron que las grasas saturadas no son perjudiciales per se para la población general, aunque sí podrían serlo en personas de alto riesgo.
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Por su parte, la profesora Nita Forouhi, de la Universidad de Cambridge, advirtió que los datos son a corto plazo y no justifican cambios en las guías alimentarias actuales, que recomiendan limitar las grasas saturadas al 10% de las calorías totales. Forouhi enfatizó que el análisis no evalúa outcomes a largo plazo (como los modelos de riesgo cardiovascular a 10 años) y que las mejoras metodológicas, aunque positivas, no alteran la recomendación general de moderación.

Este hallazgo desafía el dogma de demonizar uniformemente las grasas saturadas y sugiere un enfoque más personalizado en las recomendaciones nutricionales. Aunque los beneficios en alto riesgo refuerzan la cautela para ciertos grupos, el estudio resalta la necesidad de más investigación a largo plazo y considerando el reemplazo de estas grasas por poliinsaturadas o carbohidratos de calidad.
