La obesidad abdominal, comúnmente conocida como "panza cervecera", se asocia con patrones de remodelación cardíaca más preocupantes que el sobrepeso general, independientemente de si se debe al consumo de alcohol. Un estudio alemán presentado en el encuentro anual de la Sociedad Radiológica de Norteamérica (RSNA) demostró que la acumulación de grasa en el abdomen provoca alteraciones cardíacas graves, como hipertrofia concéntrica, que reduce el volumen de las cámaras cardíacas y dificulta su relajación. La obesidad abdominal, medida por una relación cintura-cadera superior a 0,90 en hombres y 0,85 en mujeres según la OMS, genera una forma potencialmente patológica de remodelación cardíaca, donde el músculo cardíaco se engrosa sin aumentar el tamaño global del corazón, llevando a volúmenes cardíacos menores y riesgo de insuficiencia cardíaca, explicó la médica Jennifer Erley, investigadora principal del estudio realizado en el Centro Médico Universitario Hamburgo-Eppendorf.
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Este hallazgo resalta que el índice de masa corporal (IMC), que evalúa el peso total, subestima el peligro real de la grasa visceral que rodea los órganos internos. En el análisis de 2.244 adultos sanos, el 69% de los hombres y el 56% de las mujeres tenían sobrepeso u obesidad según el IMC, pero al usar la relación cintura-cadera, estas cifras subieron al 91% y 64%, respectivamente. Las resonancias magnéticas cardíacas revelaron que el sobrepeso general se correlaciona con corazones más grandes, mientras que la grasa abdominal produce paredes ventriculares más gruesas y cámaras internas más pequeñas, lo que impide una bombeo eficiente de sangre.
Riesgos específicos de la grasa abdominal
La "panza cervecera" no solo se debe a la cerveza, sino a múltiples factores como dieta hipercalórica, sedentarismo y genética, aunque el alcohol contribuye al acumulo de grasa visceral. Esta grasa libera ácidos grasos libres y citoquinas proinflamatorias que promueven la resistencia a la insulina, hipertensión y aterosclerosis. Los cambios cardíacos observados aparecen incluso en personas sin hipertensión, diabetes o colesterol alto, y son más pronunciados en hombres. En mujeres, los efectos son sutiles pero detectables por imagenología, y se agravan postmenopausia, cuando la distribución grasa se asemeja a la masculina.
El doctor Marcos Mayer, nutricionista e investigador del Conicet en Argentina, enfatizó en diálogo con Infobae: "Hoy para la estimación del riesgo cardiovascular en nuestros pacientes se deben utilizar métodos de evaluación que permitan estimar la distribución adiposa, un aspecto que no es evaluado por el índice de masa corporal". Recomienda herramientas como el perímetro de cintura, índice cintura-cadera o cintura-talla para una valoración precisa.
Evidencia científica y limitaciones
El estudio, que utilizó resonancia magnética para medir la masa ventricular y el grosor de las paredes cardíacas, comparó IMC y relación cintura-cadera, encontrando que la segunda es un predictor superior de riesgo cardíaco. "Parece generar una forma potencialmente patológica de remodelación cardíaca, hipertrofia concéntrica, donde el músculo cardíaco se engrosa, pero el tamaño global del corazón no aumenta, lo que lleva a volúmenes cardíacos menores. Las cámaras internas se hacen más pequeñas, por lo que el corazón contiene y bombea menos sangre. Este patrón dificulta que el corazón se relaje adecuadamente y, con el tiempo, puede llevar a una insuficiencia cardíaca", detalló Erley.
Sin embargo, el análisis se limitó a adultos sanos sin comorbilidades graves, por lo que no se aplica directamente a niños o personas con enfermedades avanzadas. Además, no explica completamente las diferencias por sexo, aunque sugiere influencias hormonales. Estudios previos, como los de la Framingham Heart Study, ya vinculaban la obesidad central con mayor incidencia de insuficiencia cardíaca, pero este trabajo aporta evidencia por imagenología.
Recomendaciones para reducir el riesgo
Para prevenir estos efectos, los expertos aconsejan medir en casa la relación cintura-cadera con una cinta métrica flexible: envuélvela alrededor del ombligo para la cintura y en la parte más ancha de las caderas. Si excede los límites de la OMS, consulta a un profesional para intervenciones personalizadas. Mantenerse físicamente activo, consumir una dieta variada y saludable, y evitar la acumulación de grasa abdominal son medidas clave, subraya Mayer.
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Incorporar ejercicio aeróbico (como caminar 30 minutos diarios) y de fuerza, junto con una alimentación rica en fibra y baja en azúcares refinados, ayuda a redistribuir la grasa. En casos de obesidad abdominal, se recomiendan planes nutricionales supervisados para lograr una pérdida de peso gradual del 5-10% del corporal, que reduce significativamente el riesgo cardíaco.
Este estudio no solo alerta sobre los peligros de la "panza cervecera", sino que insta a los médicos —radiólogos y cardiólogos— a priorizar la evaluación de la grasa abdominal en chequeos rutinarios, más allá del peso en la balanza. En un mundo donde la obesidad afecta a uno de cada ocho adultos globalmente, reconocer la distribución de la grasa podría salvar vidas al detectar riesgos cardíacos tempranos.

