Un consumo elevado de azúcar, común en celebraciones o momentos de estrés, puede provocar malestar físico como cansancio, digestión pesada y desajustes en los niveles de glucosa, junto con efectos emocionales como remordimiento. Estos síntomas suelen agravarse por deshidratación y cambios en el apetito, pero los expertos coinciden en que la recuperación debe ser equilibrada y compasiva, evitando restricciones drásticas que generan ansiedad y fracasan a largo plazo.
La nutricionista Marissa Beck recomienda comenzar el día con un desayuno rico en proteínas y fibra, como yogur griego con frutos rojos y semillas de chía, para estabilizar la glucosa y prevenir ciclos de consumo excesivo. Otras opciones incluyen cereales integrales con fibra, pollo o ensaladas de garbanzos para el almuerzo, y salmón con vegetales para la cena. Mantener comidas regulares ayuda a regular el metabolismo.
La hidratación es fundamental: beber abundante agua mejora la digestión y el bienestar general, ya que mucho del malestar post-exceso proviene de la falta de líquidos, según Alyssa Smolen.
Finalmente, adoptar una actitud compasiva es clave: reflexionar sobre los motivos del exceso (estrés o aburrimiento), escuchar señales de hambre y saciedad, y evitar autocríticas. Alexis Silver recuerda que ninguna comida define el valor personal, mientras Grant Willett enfatiza evaluar la alimentación en su conjunto. Si los episodios se repiten, buscar apoyo profesional.
Los expertos insisten en la constancia y el equilibrio sobre soluciones rápidas, priorizando hábitos cotidianos para una salud sostenible a largo plazo.