Una nueva investigación realizada en Australia y publicada en la revista científica JAMA Network Open vinculó el uso temprano de redes sociales con un incremento en los síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes. El trabajo evaluó a 365 jóvenes de entre 10 y 15 años durante las semanas previas a la implementación de la ley australiana que prohíbe el acceso a plataformas como TikTok, Instagram, Snapchat y Facebook a menores de 16 años, una de las regulaciones más estrictas a nivel global.
Los datos recolectados indicaron que el 70% de los participantes había utilizado redes sociales alguna vez y que la edad media del primer uso se ubicó en los 11 años. Si bien el estudio constató que haber utilizado estas plataformas o poseer una cuenta propia se asociaba con mayores niveles de ansiedad, el hallazgo más consistente fue que la severidad de los síntomas emocionales aumentaba de manera proporcional a la precocidad con la que los menores comenzaron a exponerse a las plataformas.
Contexto global y evidencia a gran escala
Los hallazgos del equipo australiano se alinean con un metaanálisis internacional previo que consolidó datos de más de 363.000 niños y adolescentes a través de 153 estudios longitudinales. Dicha revisión integral identificó asociaciones persistentes entre el consumo de redes sociales y un mayor riesgo de depresión, ansiedad, autolesiones y dificultades socioemocionales, mostrando una vulnerabilidad especialmente marcada en la franja etaria de los 12 a los 15 años debido a los procesos de neurodesarrollo propios de esa etapa.
A diferencia del metaanálisis global, la investigación en Australia aportó una perspectiva puntual sobre el impacto de la edad de debut digital en una población urbana de ingresos medios y altos, justo en la víspera de una intervención regulatoria inédita.
Desafíos en el cumplimiento de la prohibición a menores
Uno de los aspectos más destacados del estudio fue la actitud de los adolescentes frente a la prohibición gubernamental. Solo el 25% de los encuestados manifestó que dejaría de utilizar las redes sociales una vez que la ley entrara en vigor, mientras que el 75 % restante planeaba continuar accediendo a las plataformas a través de diversos mecanismos. Los investigadores observaron además que la presencia de síntomas depresivos o de ansiedad no influyó en la decisión de los jóvenes de acatar o eludir la normativa.
Aunque el estudio midió intenciones antes de la aplicación efectiva de la norma y se centró en un grupo socioeconómico específico, los autores concluyeron que la evidencia científica apunta cada vez menos al tiempo total de pantalla y más a la edad de inicio de la exposición, subrayando la necesidad de monitorear si las políticas de restricción de edad logran alterar de forma efectiva los indicadores de salud mental a largo plazo.