El neurólogo estadounidense Richard Restak advierte que el consumo de alcohol, incluso moderado, representa un riesgo significativo para el cerebro de las personas mayores de 65 años, acelerando el deterioro cognitivo y aumentando la vulnerabilidad a enfermedades neurodegenerativas. En su libro The Brain, Restak, profesor en la Universidad George Washington y autor reconocido en temas de memoria y cognición, describe el alcohol como una "neurotoxina muy débil" que daña las células nerviosas y recomienda la abstinencia total a partir de esa edad para preservar la función cerebral y promover una vejez activa y saludable.
Restak, quien ha dedicado décadas a estudiar el impacto de hábitos cotidianos en el cerebro, enfatiza que el envejecimiento natural ya implica una pérdida gradual de neuronas —entre un 2% y un 4% a lo largo de la vida—, y el alcohol agrava este proceso de manera sutil pero irreversible. Su alerta llega en un contexto donde el consumo de bebidas alcohólicas, como la cerveza, se percibe como inofensivo en adultos mayores, pero estudios recientes respaldan su preocupación por los efectos acumulativos en la salud neurológica.
Los riesgos silenciosos del alcohol en la tercera edad
El alcohol acelera la pérdida de neuronas responsables de la memoria, la concentración y el pensamiento, exacerbando el declive natural asociado al envejecimiento. En personas mayores de 65 años, el metabolismo más lento hace que incluso cantidades moderadas generen efectos más notorios y prolongados, lo que pasa desapercibido pero acumula daños. Esto no solo afecta la agilidad mental, sino que también compromete el equilibrio y los reflejos, elevando el riesgo de caídas, desorientación y lesiones graves como fracturas.
Entre las complicaciones más graves se encuentran la mayor incidencia de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y otras formas de demencia, así como alteraciones del sueño e hipertensión. Restak destaca que el alcohol daña directamente las células nerviosas, un efecto que se suma al estrés oxidativo inherente al envejecimiento, potencializando problemas como la pérdida de coordinación motora y la desorientación espacial.
Evidencia científica que respalda la alerta
Un artículo publicado en la revista Neurology Journal confirma que la exposición prolongada a tóxicos como el alcohol acelera la pérdida neuronal en un rango del 2-4%, un porcentaje que puede ser decisivo en la tercera edad. Estudios recientes asocian el consumo crónico, incluso bajo, con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias, mientras que investigaciones en Neurology Journal vinculan la pérdida de reflejos y coordinación con un incremento en caídas y fracturas óseas, comunes en esta población.
Restak cita en su obra el impacto acumulativo del alcohol en las neuronas, respaldado por reportes de la Asociación Española de Neurología (AS), que recomiendan la abstinencia para mitigar estos riesgos. Además, la capacidad del cuerpo para eliminar tóxicos disminuye con la edad, lo que prolonga la exposición a sus efectos neurotóxicos y agrava el deterioro cognitivo.
Recomendaciones para una vejez cerebral saludable
Restak es tajante en su consejo: "Si tiene 65 años o más, le recomiendo encarecidamente que se abstenga total y permanentemente del alcohol", según Neurology Journal. Esta medida no solo previene enfermedades serias, sino que también mejora la calidad de vida general, permitiendo una mayor independencia y agilidad mental en la vejez.
Para quienes buscan alternativas, expertos sugieren reemplazar el alcohol con infusiones herbales o agua con limón, que hidratan y apoyan la función cerebral sin riesgos. Mantener una dieta rica en antioxidantes, como frutas y verduras, y practicar ejercicio moderado también contribuye a contrarrestar el envejecimiento neuronal.