Una investigación liderada por la Universidad de Granada, en colaboración con la Universidad Pública de Navarra y el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, ha revelado que la alimentación restringida por tiempo ayuda a adultos con sobrepeso u obesidad a mantener el peso perdido a largo plazo. El ensayo clínico demuestra que limitar la ingesta diaria de alimentos a una ventana estricta de ocho horas es sustancialmente más eficaz que la educación nutricional convencional para contener el clásico efecto rebote durante un año entero.
El ensayo clínico de 2026 contó con la participación de 99 adultos, con una edad promedio de 49 años y un índice de masa corporal (IMC) medio de 32 kg/m², distribuidos de manera equitativa entre hombres y mujeres. Los voluntarios fueron asignados a cuatro grupos de intervención: tres de ellos implementaron dietas basadas en ventanas alimentarias de ocho horas (uno en horario matutino (antes de las 10:00), otro en horario vespertino (después de las 13:00) y un tercero con horario libre), mientras que el cuarto grupo sirvió de control bajo un programa de educación en dieta mediterránea sin restricciones horarias. Ninguno de los esquemas de ayuno requirió el conteo de calorías ni la modificación de nutrientes.

Al evaluar a los sujetos 12 meses después de finalizar la intervención inicial de tres meses, los grupos que siguieron la restricción horaria retuvieron una reducción de peso significativamente mayor en comparación con el grupo de control. Quienes practicaron la ventana matutina presentaron una pérdida adicional media de 2,6 kg frente a los cuidados estándar, mientras que el grupo de la tarde conservó 2,4 kg menos. En términos globales, el conjunto que implementó el ayuno intermitente logró mantener una diferencia neta de 2,2 kg de peso corporal, una reducción de 3 cm en la circunferencia de la cintura y un descenso de 1,3 kg de masa grasa respecto al grupo de control.
Los investigadores informaron que el 70% de la pérdida de peso total se concentró en las primeras seis semanas de la intervención. Si bien a los 12 meses se retenía, en promedio, la mitad de la reducción alcanzada en la fase inicial (quedando por debajo del umbral clínico ideal del 5% del peso corporal), los expertos enfatizan que los resultados representan una mejora sostenida poco habitual en la medicina metabólica. Asimismo, destacaron reducciones notables en las circunferencias del cuello y la cadera, especialmente en aquellos pacientes que se inclinaron por concentrar sus comidas durante el horario de la tarde.
El análisis pormenorizado de la composición corporal arrojó que tanto el esquema temprano como el tardío provocaron reducciones sostenidas en la masa libre de grasa, lo que se traduce clínicamente en pérdida de tejido muscular. Ante este hallazgo, los autores del estudio aconsejan que las terapias de ayuno intermitente se complementen siempre con estrategias orientadas a la preservación del músculo, tales como rutinas guiadas de ejercicio de fuerza y un aporte proteico adaptado. De este modo, se garantiza que el descenso de peso se traduzca en una mejora óptima del perfil cardiovascular y metabólico del paciente.

Un dato relevante del informe técnico fue la adherencia y la autonomía en la elección de los horarios. Durante el periodo de seguimiento posterior, el 26% de los participantes decidió mantener la restricción horaria por iniciativa propia, registrándose una adherencia en la fase activa del 95,2% para la ventana temprana y del 96,4% para la tardía. En contraste, el grupo con ventana autoelegida (donde los pacientes variaban el horario a su conveniencia) experimentó la mayor tasa de abandono, ya que solo nueve de veintidós participantes completaron las evaluaciones finales, evidenciando que la predictibilidad de un horario fijo favorece la constancia.
El consorcio científico reconoció ciertas limitaciones metodológicas en el desarrollo del proyecto, tales como la inasistencia a los controles finales, el uso de bioimpedancia en lugar de la absorciometría por rayos X (DEXA) para medir la composición corporal, y la falta de registros objetivos sobre las variaciones en el estilo de vida tras el alta médica. No obstante, concluyeron que incluso pérdidas de peso modestas pero sostenidas en el tiempo disminuyen los marcadores inflamatorios asociados a la obesidad, posicionando a la crononutrición como una herramienta terapéutica de vanguardia para la salud pública.