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Alerta médica en España: la cultura del gimnasio y las redes sociales disparan los trastornos alimentarios silenciosos y el uso de anabolizantes en jóvenes

Alerta médica en España: la cultura del gimnasio y las redes sociales disparan los trastornos alimentarios silenciosos y el uso de anabolizantes en jóvenes
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La obsesión por la estética y la fuerte presión ejercida por las redes sociales están empujando a la población joven a adoptar conductas de alto riesgo para su salud. Durante el 32.º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), celebrado en Oviedo, expertos en salud mental y medicina deportiva alertaron sobre la peligrosa normalización del uso de esteroides anabolizantes y de dietas hiperproteicas extremas. Estas prácticas, lejos de limitarse al ámbito deportivo profesional, se han extendido entre usuarios recreativos de gimnasio de entre 20 y 40 años que buscan transformaciones físicas rápidas guiados por falsas expectativas.

El doctor Rodrigo Santos Santamarta, miembro del Grupo de Trabajo de Medicina Deportiva de la SEMG, advirtió que las consultas de atención primaria en España se están llenando de jóvenes que recurren a estos "atajos farmacológicos". El especialista denunció que los cuerpos perfectos exhibidos por los influencers de fitness en las pantallas a menudo ocultan el uso de sustancias ilícitas o están alterados mediante filtros e inteligencia artificial. Esta distorsión de la realidad hace creer a los adolescentes que conseguir un físico musculoso es sencillo, minimizando los severos efectos secundarios de unas sustancias que no son inocuas.

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Las consecuencias del abuso de anabolizantes abarcan problemas físicos, hormonales y psicológicos de gravedad. A corto plazo, los médicos instan a vigilar señales como un aumento brusco de masa muscular, acné severo, estrías, alopecia o ginecomastia, así como conductas agresivas e impulsivas que pueden derivar en depresión y disfunción sexual al suspender las sustancias. A largo plazo, la mayor preocupación radica en el daño hepático y en el incremento del riesgo cardiovascular, manifestado en la aparición de aterosclerosis precoz, miocardiopatías y eventos trombóticos o coronarios en personas de temprana edad.

De forma paralela, el congreso puso el foco en el uso indiscriminado de las dietas hiperproteicas y los suplementos deportivos, desmitificando la creencia popular de que "cuanta más proteína, mejor". El doctor Santos aclaró que, si bien una persona activa o deportista requiere entre 1,2 y 2 gramos de proteína por kilogramo de peso al día, el exceso es inútil si no se acompaña de un descanso y entrenamiento adecuados. El peligro real de estos regímenes extremos radica en que desplazan el consumo de alimentos fundamentales como frutas, verduras, legumbres y cereales, comprometiendo el equilibrio nutricional del organismo.

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Esta obsesión por el control de los nutrientes y el ejercicio ha disparado una nueva ola de Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) denominados "silenciosos". El doctor Antonio Torres, experto en salud mental de la SEMG, detalló que estos nuevos trastornos difieren de la anorexia y la bulimia clásicas porque el foco no está en la cantidad de comida, sino en un control patológico de la calidad y las calorías. Entre ellos destacan la ortorexia (obsesión por la comida sana), la permarexia (estar siempre a dieta), la vigorexia (afán obsesivo por ganar músculo) y la drunkorexia (restricción alimentaria para compensar las calorías del alcohol).

El avance de estos TCA específicos es tan alarmante que su prevalencia combinada roza ya el 6,5 %, una cifra que duplica la suma de los casos de anorexia y bulimia juntas. Los expertos manifestaron su honda preocupación debido a que la franja de edad de los afectados se ha ampliado drásticamente tras la pandemia, detectándose casos en menores de entre 6 y 12 años, y extendiéndose hasta los 24. Al no presentar la pérdida de peso extrema de los trastornos tradicionales, estas patologías pasan desapercibidas para las familias, por lo que los médicos instan a vigilar las alteraciones cardiovasculares o gástricas y a preguntar abiertamente a los pacientes sobre su relación con la comida.

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