Un equipo de investigadores europeos desarrolló y probó en modelos animales un dispositivo electrónico inalámbrico de subcútanos diseñado para el abordaje no farmacológico de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Los resultados de esta prueba de concepto, publicados en la revista científica Science, demuestran que el sistema logra normalizar la glucemia y favorecer la pérdida de peso mediante la transformación electroquímica directa del exceso de azúcar circulante.
El dispositivo, denominado ECHO (Electro-Catalytic Closed-Loop Healthcare Optimization), funciona mediante un electrocatalizador de oro recubierto de platino que oxida la glucosa en sangre convirtiéndola en gluconato, un compuesto no metabólico que es posteriormente excretado por los riñones. Vinculado a un monitor continuo de glucosa a través de una aplicación móvil, el circuito cerrado se activa automáticamente solo cuando los niveles superan un umbral prefijado, generando un "sumidero calórico" que obliga al organismo a movilizar sus reservas lipídicas ante la menor disponibilidad de energía glucídica.
En los ensayos realizados con ratones con obesidad y diabetes tipo 2, una estimulación diaria de 60 minutos restableció los niveles normales de glucosa en el plazo de una hora y mantuvo el control metabólico a lo largo de seis semanas. Tras este período, los animales registraron una reducción de hasta el 10% en su peso corporal (sin alteraciones en la ingesta de alimentos) y un descenso en los niveles de triglicéridos, acompañados de un incremento compensatorio en ácidos grasos libres y cuerpos cetónicos, sin manifestarse episodios de hipoglucemia ni reacciones inflamatorias.
A pesar de los resultados prometedores, expertos independientes del Science Media Centre España (SMC) instaron a mantener la cautela respecto a su traslación clínica. Investigadores como el Dr. José M. Ordovás (Universidad Tufts) y la Dra. Josefa García Barrado (Universidad de Salamanca) señalaron que el estudio se limitó a grupos pequeños de ratones con alteraciones genéticas específicas y periodos cortos de automatización (12 días). Asimismo, advirtieron que resta evaluar la seguridad a largo plazo del implante, el impacto potencial de subproductos metabólicos secundarios y la viabilidad del mecanismo en pacientes con función renal comprometida.