Investigadores de la Universidad de Copenhague identificaron un nuevo gen, denominado NDRG1, que desempeña un rol fundamental en la reparación del daño en el ADN característico de las células cancerosas. El hallazgo, publicado en la revista Science Signaling, revela que, aunque la alta presencia de este gen favorece la supervivencia tumoral frente a los errores de replicación, simultáneamente expone una vulnerabilidad biológica que podría ser aprovechada para desarrollar tratamientos más precisos e irreversibles contra la enfermedad.

Las células tumorales dependen en gran medida de sus propios mecanismos de reparación molecular para sostener su acelerado ritmo de división metabólica. La investigación, liderada por el científico Garik Mkrtchyan, demostró que la proteína generada por el gen NDRG1 se une a una enzima clave para activar la formación del complejo 53BP1, indispensable en la reconstrucción del genoma tumoral dañando. Al analizar grandes bases de datos clínicas, el equipo constató que una elevada expresión de este gen se traduce en un pronóstico de supervivencia más corto en los pacientes, consolidándolo además como un valioso marcador pronóstico.
Durante los ensayos de cribado químico en diversas líneas celulares, el equipo descubrió que la quinacrina (un antiguo fármaco antipalúdico en desuso por sus efectos secundarios) interrumpe la unión entre la proteína NDRG1 y su enzima aliada, bloqueando la reparación del ADN en los tumores donde el gen está especialmente activo. El estudio reveló que los carcinomas colorrectales y otros tipos de cáncer que presentan mutaciones en otros genes de reparación son sumamente sensibles a la supresión de NDRG1, un comportamiento análogo a la vulnerabilidad conocida de PARP1 en tumores con mutaciones BRCA.

A pesar de la efectividad mostrada por la quinacrina para acorralar a las células malignas, los autores del estudio advierten que su perfil de toxicidad en humanos dificulta su aplicación directa en la práctica clínica actual. Por ello, la comunidad científica sugiere centrar los esfuerzos en el diseño de nuevas moléculas pequeñas que inhiban directamente al gen NDRG1, ofreciendo así una alternativa terapéutica más segura para los pacientes.
Los científicos destacaron que la presencia de estas mutaciones genéticas no solo se limita a los tumores colorrectales, sino que también se observa en cánceres leucémicos y linfoides. Este panorama extiende significativamente las oportunidades terapéuticas a futuro, abriendo el camino para la medicina de precisión en múltiples formas de cáncer mediante la manipulación del metabolismo de reparación del ADN.