Un equipo de investigadores de la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, en los Estados Unidos, ha identificado una nueva pista genética clave sobre la ataxia de Friedreich, una enfermedad hereditaria poco frecuente que daña de forma progresiva el sistema nervioso y el corazón. El estudio, publicado en la revista científica Molecular Cell, revela que el agravamiento de esta patología no se debe únicamente a la mutación genética ya conocida, sino al "silenciamiento" provocado por el lugar físico exacto donde el gen afectado queda atrapado dentro del núcleo de la célula.

La ataxia de Friedreich suele manifestarse durante la adolescencia y afecta a una de cada 50.000 personas, provocando pérdida de coordinación motriz, dificultad para caminar y severas complicaciones cardíacas. En condiciones normales, el gen denominado FXN es el encargado de producir la frataxina, una proteína esencial para el correcto funcionamiento celular. Sin embargo, los científicos descubrieron que en los pacientes que padecen esta condición, dicho gen migra de forma inusual hacia la periferia del núcleo celular, una zona que por sus características biofísicas tiende a "apagar" o inactivar los genes.
Para comprender este desplazamiento, el equipo médico identificó dos factores moleculares reguladores. El primero es la cohesina, un complejo de proteínas que se encarga de plegar y organizar el ADN, pero que al actuar de manera desregulada arrastra al gen FXN hacia los bordes inactivos del núcleo. El segundo factor es el propio descenso en la transcripción (el proceso de lectura del gen para fabricar ARN), una baja que empuja al gen hacia el borde exterior del núcleo y profundiza su estado de letargo, disminuyendo aún más los niveles de la proteína vital.

"Estos resultados sugieren que el silenciamiento génico en la ataxia de Friedreich se ve reforzado por la posición que ocupa el gen dentro del núcleo", afirmó la doctora Ashley Karnay, investigadora posdoctoral y autora principal del estudio, quien además detalló que al modificar esa ubicación se logró restaurar parcialmente la actividad genética en células enfermas.
Mediante el uso de herramientas de edición genética basadas en la tecnología CRISPR, los investigadores lograron manipular ambos mecanismos en células extraídas de pacientes. Al reducir de forma controlada la actividad de la cohesina, el gen FXN se alejó de la periferia, regresó hacia el interior del núcleo y elevó notablemente sus niveles de expresión, a pesar de que la mutación estructural en el ADN permaneció intacta.
Los autores comparan esta dinámica con el control de brillo de una pantalla, donde la maquinaria celular gradúa de forma continua la posición y la actividad. Aunque los editores del trabajo aclaran que se trata de un hallazgo preliminar que aún no se traduce en un tratamiento clínico disponible para el público, la investigación marca un cambio de paradigma al señalar la arquitectura física del ADN como un factor terapéutico directo.