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España registra 3.096 muertes por olas de calor entre mayo y julio

España registra 3.096 muertes por olas de calor entre mayo y julio
Momentos de la primera ola de calor, en Madrid (ÁNGEL NAVARRETE)

De acuerdo con los datos recabados por el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, el país acumula 3.096 fallecimientos asociados al exceso de calor entre los meses de mayo y julio. Esta cifra duplica los 1.481 decesos registrados en el mismo periodo del año anterior e iguala los niveles críticos alcanzados en el verano de 2022, la temporada estival más mortífera de la última década.

El incremento anómalo de la mortalidad está directamente vinculado al aumento continuado de los registros térmicos reportados por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Durante mayo y junio, las temperaturas medias superaron entre 1,4 °C y 3,2 °C los promedios de referencia, lo que derivó en la concatenación de cuatro olas de calor consecutivas a partir de finales de junio. El Ministerio de Sanidad recuerda que el riesgo de fallecimiento asciende entre un 9,1% y un 10,7% por cada grado que la temperatura rebasa los umbrales de peligro regional. Entre las comunidades autónomas más afectadas sobresalen Cataluña, con 676 víctimas mortales, el País Vasco (344) y Andalucía (335).

Especialistas e investigadores del ámbito epidemiológico sostienen que la mortalidad por estrés térmico ha alcanzado magnitudes equiparables a los picos invernales provocados por la gripe, requiriendo un abordaje de emergencia de salud pública. Las elevadas temperaturas diurnas se han visto agravadas por el incremento de las "noches tropicales" en las grandes urbes, donde los termómetros no descienden de los 20 °C. Esta falta de enfriamiento nocturno impide la recuperación fisiológica del organismo, afectando especialmente a las poblaciones urbanas del litoral mediterráneo expuestas al efecto de isla de calor y a índices elevados de humedad.

(KAI FÖRSTERLING/EFE)

El perfil de mayor vulnerabilidad ante los eventos térmicos extremos corresponde a los adultos mayores de 65 años, quienes representaron el 96% de las muertes contabilizadas durante el mes de julio. La combinación de patologías crónicas previas y la polimedicación juega un papel determinante en estos desenlaces. Fármacos de uso común como diuréticos, neurolépticos y antihipertensivos alteran la respuesta corporal frente a las altas temperaturas al disminuir la capacidad de sudoración, inhibir el reflejo de la sed o acelerar cuadros de deshidratación severa.

A los factores farmacológicos y fisiológicos se suma la interacción de contaminantes atmosféricos, principalmente la concentración de partículas finas y ozono troposférico. De acuerdo con investigaciones del Instituto de Salud Carlos III, aproximadamente un 18% de las muertes estivales responde al efecto potenciador que ejerce el calor sobre la polución en los núcleos urbanos de alta densidad. Estas exposiciones compuestas multiplican las descompensaciones orgánicas en pacientes con fragilidad de base.

Ante el ritmo de calentamiento en el continente europeo, los expertos enfatizan la urgencia de fortalecer los planes integrales de adaptación climática y salud. Si bien la implementación de medidas preventivas desde las olas de calor de 2003 ha contribuido a reducir la mortalidad proyectada en la región, la comunidad científica insiste en intensificar las reformas urbanísticas (como la ampliación de zonas verdes e insulación térmica de viviendas), además de reforzar la atención primaria y el seguimiento domiciliario a pacientes crónicos durante todo el periodo estival.

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