Una nueva estrategia terapéutica basada en la combinación de una doble inmunoterapia junto con la quimioembolización transarterial (TACE) promete transformar el tratamiento estándar para los pacientes diagnosticados con carcinoma hepatocelular inoperable.
Los resultados del estudio clínico de fase III EMERALD-3, presentados en el congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) en Chicago, revelaron que casi uno de cada tres pacientes tratados con este esquema sigue vivo y sin progresión de la enfermedad dos años después del tratamiento.
Este hallazgo representa un avance significativo para el cáncer de hígado, una patología con un pronóstico desfavorable que se detecta tarde con frecuencia y que registra unos 800.000 nuevos diagnósticos anuales a nivel mundial, incluyendo 6.500 casos en España y cerca de 12.500 en Italia.

Hasta la fecha, los pacientes con este tipo de tumor en etapa avanzada (el cual representa más de 8 de cada 10 casos de cáncer de hígado) contaban con opciones terapéuticas muy limitadas una vez que la cirugía dejaba de ser viable.
Aproximadamente el 30% de ellos eran candidatos a recibir TACE, un procedimiento de radiología intervencionista que bloquea el suministro de sangre a la masa tumoral para administrar quimioterapia o radioterapia directamente en el órgano. Aunque este método ha sido el estándar médico durante más de dos décadas, la enfermedad suele recidivar o diseminarse al cabo de un año, y el sistema sanitario no disponía de otras alternativas aprobadas para este perfil de pacientes.
El ensayo clínico EMERALD-3, que contó con la participación de 760 voluntarios divididos en tres grupos de estudio, evaluó la efectividad del denominado régimen STRIDE. Este enfoque consiste en una dosis única del fármaco tremelimumab para dar un impulso inicial a la respuesta inmune, seguida de una monoterapia continua con durvalumab. La investigación comparó un brazo tratado con el régimen STRIDE, la terapia dirigida lenvatinib y TACE (293 participantes); un segundo grupo con STRIDE y TACE (175 participantes); y un tercer bloque bajo el tratamiento estándar de TACE exclusiva (292 participantes).
De acuerdo con los datos expuestos por la profesora Lorenza Rimassa, del Instituto Clinico Humanitas de Milán, la aplicación del régimen STRIDE en combinación con lenvatinib y TACE demostró una reducción del 30% en el riesgo de muerte o progresión de la enfermedad en comparación con el uso aislado de la quimioembolización.

Por su parte, el doctor Vincenzo Mazzaferro, de la Universidad de Milán, destacó que cuando la función hepática no está comprometida, el nivel de respuesta tumoral alcanzado con esta inmunoterapia abre la puerta a que un número significativo de pacientes se vuelvan aptos para intervenciones potencialmente curativas, tales como la resección quirúrgica del tumor o el trasplante de hígado.
Más allá de los tratamientos médicos de vanguardia, los expertos recordaron que casi el 80% de los casos de cáncer de hígado podrían evitarse mediante la implementación de medidas estrictas de prevención. Históricamente, la mayoría de los diagnósticos se han debido a factores de riesgo conocidos como las infecciones crónicas por los virus de la hepatitis B y C.
Sin embargo, Massimo Di Maio, presidente de la Asociación Italiana de Oncología Médica (Aiom), advirtió sobre un cambio epidemiológico caracterizado por el aumento progresivo de casos "no virales", directamente vinculados con el sobrepeso, la diabetes, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol en los países occidentales.
Este incremento de patologías asociadas a estilos de vida poco saludables contrasta con el éxito alcanzado por las campañas de vacunación obligatoria contra el VHB y los nuevos tratamientos antivirales contra el VHC, que han logrado reducir el impacto del cáncer de origen infeccioso.
Los especialistas enfatizaron que el manejo óptimo del hepatocarcinoma requiere del trabajo coordinado de equipos multidisciplinares y recordaron que la vigilancia periódica mediante ecografías hepáticas semestrales en personas con hepatopatía crónica sigue siendo la herramienta fundamental para diagnosticar la neoplasia en fases tempranas y mejorar la supervivencia global de la población en riesgo.