Puerto Rico registra más de 4,000 casos anuales de enfermedad hepática crónica relacionadas con la obesidad y la diabetes

Puerto Rico registra más de 4,000 casos anuales de enfermedad hepática crónica relacionadas con la obesidad y la diabetes

La enfermedad hepática crónica se consolida como una seria preocupación de salud pública en Puerto Rico, registrando anualmente entre 4,000 y 4,200 casos crónicos de hepatitis C, según datos del Departamento de Salud de Puerto Rico.

Especialistas en gastroenterología y endocrinología han advertido que el desarrollo de estas afecciones en la isla está estrechamente vinculado al incremento sostenido de condiciones metabólicas de alta prevalencia, tales como la obesidad, el sobrepeso y la diabetes tipo 2. El principal peligro de esta tendencia radica en el carácter silencioso de la patología, la cual suele evolucionar durante años sin manifestaciones físicas evidentes en sus etapas iniciales.

A nivel epidemiológico, el panorama actual sitúa al hígado graso no alcohólico (denominado formalmente como enfermedad hepática asociada a disfunción metabólica (MASLD)) como una de las causas emergentes más críticas en el territorio caribeño. Diversos especialistas coinciden en que, debido a la velocidad de su propagación, esta condición metabólica se perfila para convertirse en el principal motivo de trasplantes hepáticos en Puerto Rico, desplazando de forma progresiva a la hepatitis C. Sin una detección oportuna, el hígado graso progresa internamente de manera severa, desencadenando fibrosis, cirrosis irreversible, insuficiencia hepática y cáncer de hígado.

Los factores de riesgo que impulsan este problema de salud se encuentran fuertemente arraigados en la población puertorriqueña. De acuerdo con las estadísticas divulgadas por la institución FDI Clinical Research, cerca de una quinta parte de los habitantes de la isla padece de diabetes, mientras que aproximadamente el 60% presenta condiciones de sobrepeso u obesidad. Este panorama se ve agravado por un contexto sociocultural caracterizado por altos niveles de sedentarismo y hábitos alimentarios con un elevado contenido de azúcares y carbohidratos refinados, sumado a diversos factores socioeconómicos que dificultan el acceso a estilos de vida saludables.

Junto a la diabetes y el exceso de peso, trastornos metabólicos como la prediabetes, los triglicéridos elevados y el colesterol alto completan el cuadro de variables que aumentan drásticamente el riesgo de daño hepático avanzado. En contraste, las autoridades sanitarias destacaron que otras variantes como la hepatitis B se mantienen bajo un estricto control médico y vigilancia epidemiológica gracias a la efectividad de las campañas de vacunación. Por su parte, la hepatitis C, fuertemente asociada a la cirrosis, cuenta en la actualidad con tratamientos modernos que alcanzan tasas de curación superiores al 98%.

Ante el desafío clínico que representa una enfermedad que no muestra síntomas tempranos, FDI Clinical Research ha resaltado la necesidad de implementar estrategias de detección precoz mediante el uso de tecnologías diagnósticas avanzadas. Herramientas médicas no invasivas como el método FibroScan permiten a los profesionales de la salud evaluar con precisión el grado de fibrosis y acumulación de grasa en el órgano en cuestión de minutos.

Esta perspectiva local se alinea con las corrientes científicas internacionales de salud pública. Una serie de investigaciones publicadas en larevista médica The Lancet Regional Health-Europe advirtió que la enfermedad hepática crónica no debe tratarse de forma aislada, sino que debe integrarse de manera amplia en las políticas públicas de control de enfermedades no transmisibles. Los autores de la publicación recomiendan fortalecer los programas de prevención y vincular directamente el cuidado del hígado.