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Identifican tres errores comunes en el uso de lentes de contacto que disparan el riesgo de infecciones oculares

Identifican tres errores comunes en el uso de lentes de contacto que disparan el riesgo de infecciones oculares
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Oftalmólogos y especialistas en salud visual consultados por The Washington Post han emitido una advertencia internacional sobre tres prácticas cotidianas sumamente arraigadas entre los usuarios de lentes de contacto que comprometen la salud de la córnea. De acuerdo con los expertos, detrás de la comodidad y discreción que ofrecen estos dispositivos médicos se ocultan riesgos clínicos severos que facilitan la aparición de patógenos agresivos.

Las autoridades médicas insistieron en que estas rutinas habituales alteran el equilibrio natural del ojo y multiplican la probabilidad de desarrollar infecciones graves que, en escenarios extremos, pueden derivar en la pérdida permanente de la visión. El primer error crítico identificado por los profesionales es ingresar al agua con los lentes colocados, ya sea al nadar en piscinas, jacuzzis, lagos u océanos, o simplemente por la exposición al agua corriente del grifo, la cual no es estéril.

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La optometrista y epidemióloga Loretta Szczotka-Flynn, Directora del Servicio de Lentes de Contacto del Centro Médico UH Cleveland, explicó que los materiales blandos de los lentes se comportan en estos entornos como auténticas "esponjas", absorbiendo con facilidad elementos nocivos del medio ambiente. La mayor preocupación de la comunidad médica gira en torno a la Acanthamoeba, una ameba presente en el agua y el suelo que causa queratitis severa al quedar atrapada entre el lente y el tejido ocular.

El segundo hábito subestimado por la población es ducharse o lavarse el rostro sin retirarse los lentes de contacto previamente. El oftalmólogo Thomas Steinemann, portavoz de la Academia Americana de Oftalmología, detalló que el agua doméstica actúa frecuentemente como un vehículo de transmisión para microorganismos que se adhieren con fuerza a la superficie plástica del dispositivo.

Por esta razón, los especialistas recomiendan de manera unánime establecer rutinas de higiene consistentes y estrictas en el hogar, orientadas a colocarse los lentes de contacto siempre después de salir del baño o quitárselos antes de iniciar el aseo personal para minimizar el contacto con fluidos no controlados.

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El tercer y más alarmante error señalado en la investigación es el hábito de dormir con los lentes de contacto puestos, una negligencia que aplica incluso para aquellos modelos que han sido comercialmente aprobados para un uso prolongado. De acuerdo con datos estadísticos citados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, mantener los lentes durante el descanso nocturno incrementa entre seis y ocho veces la probabilidad de contraer una infección corneal.

Clínicamente, el párpado cerrado genera un ambiente oscuro, cálido y húmedo que favorece la proliferación de bacterias, al tiempo que la falta de parpadeo anula el mecanismo natural de limpieza y reduce el flujo de oxígeno hacia la córnea. Ante este panorama, la profesora Deborah Jacobs, de la Escuela de Medicina de Harvard, y el resto de los investigadores participantes enfatizaron la importancia de la prevención y de reconocer las primeras señales de alerta.

Los médicos aconsejan retirar los lentes de inmediato ante la aparición de síntomas como dolor, enrojecimiento, secreción o la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo. Si las molestias no desaparecen tras doce horas de descanso, se vuelve obligatoria la consulta de urgencia con un oftalmólogo, quien determinará si existe daño en el tejido y guiará el tratamiento adecuado para preservar la integridad de la vista.

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