Según un estudio de tamaño reducido publicado en la revista European Heart Journal, las personas que han sufrido un infarto agudo de miocardio presentan niveles mayores de estas partículas diminutas e invisibles en su torrente sanguíneo en comparación con aquellos pacientes que tienen arterias coronarias sanas o dolencias cardíacas crónicas.
La investigación, coliderada por especialistas de la Universidad Sapienza de Roma junto a las universidades de Verona y Nápoles, analizó de cerca las muestras de sangre de 61 pacientes que se sometieron a una angiografía coronaria por sospecha de problemas cardíacos. Los resultados revelaron que el 84.2% de los individuos que efectivamente sufrieron un infarto tenían plásticos en la sangre, una cifra que duplica el porcentaje de los pacientes sin ataques previos.

El compuesto más frecuente en el torrente sanguíneo fue el polietileno, un material de uso cotidiano en envases y productos de consumo masivo que se cuela en nuestro organismo a través del agua, los alimentos y el aire. El hallazgo también expuso que los hábitos personales y el entorno juegan un papel multiplicador en este fenómeno.
Los investigadores descubrieron que los pacientes expuestos a la contaminación atmosférica y, especialmente, los fumadores habituales, tenían hasta seis veces más probabilidades de registrar estas partículas en su circulación coronaria. Los expertos médicos sospechan que tanto el humo del tabaco como el aire contaminado de las ciudades dañan las defensas pulmonares, facilitando que los micro y nanoplásticos penetren de manera directa y con mayor facilidad al torrente sanguíneo.
A pesar de las estadísticas, el equipo médico del Hospital Universitario Sant'Andrea de Roma aclaró que este trabajo es de carácter puramente observacional. Esto significa que los hallazgos actuales no demuestran científicamente que los plásticos sean la causa directa de los ataques al corazón, sino que revelan una fuerte asociación estadística que sitúa a la contaminación por plásticos como un problema emergente de salud pública que exige ser tomado con seriedad por las autoridades.

Expertos en ciencias de la salud ambiental de la Universidad de Queensland, en Australia, han cuestionado la fiabilidad del análisis químico empleado para rastrear las partículas en la sangre, advirtiendo que los equipos tecnológicos podrían estar confundiendo los lípidos (es decir, las grasas naturales de la propia sangre humana) con compuestos plásticos. Desde esta perspectiva, los resultados del estudio podrían estar reflejando simplemente el conocido vínculo entre los altos niveles de colesterol y los problemas del corazón.
Especialistas de la Sociedad Española de Cardiología coinciden en que, si bien el diseño y el reducido tamaño de la muestra impiden extraer conclusiones definitivas, este trabajo en Italia suma valiosa evidencia a una línea de investigación en plena expansión global. Ante la creciente inquietud por el impacto de los materiales sintéticos que ya han sido detectados en órganos como la placenta o los pulmones, la comunidad médica internacional coincide en la necesidad de perfeccionar las técnicas de medición para descifrar con total certeza el verdadero peligro.