Un estudio internacional coordinado por la Universidad de Oxford ha aportado datos determinantes para resolver un debate científico histórico sobre la artrosis de rodilla: si se trataba de una sola enfermedad o de varios trastornos distintos bajo un mismo diagnóstico.
Tras realizar el mayor análisis molecular hecho hasta la fecha, los investigadores concluyeron que la patología comparte un patrón biológico común y descartaron la existencia de subtipos moleculares diferenciados. Lo que varía entre las personas no es el "tipo" de artrosis, sino la intensidad con la que se expresan sus procesos biológicos.
La investigación se desarrolló entre los años 2019 y 2024 dentro del consorcio internacional STEpUP OA, bajo la coordinación del Kennedy Institute of Rheumatology de Oxford. El equipo analizó muestras de líquido sinovial (el fluido que lubrica las articulaciones y refleja la inflamación, el daño y la reparación tisular) extraídas de más de 1.300 pacientes. Para procesar esta amplia cohorte, se empleó una tecnología avanzada a gran escala que permitió identificar y cuantificar más de 7.000 proteínas en el líquido articular.

El mapa biológico detallado identificó como eje central la transición epitelio-mesenquimatosa, un proceso celular vinculado a la remodelación de los tejidos de la articulación. De igual manera, se registraron señales recurrentes en rutas asociadas al sistema del complemento, la coagulación y la angiogénesis o formación de nuevos vasos sanguíneos. Ninguna de estas vías permitió separar perfiles biológicos independientes; al contrario, confirmaron que la enfermedad funciona como un continuo biológico con variaciones graduales y no como categorías cerradas.
Durante el análisis proteico, la proteína C reactiva destacó de manera consistente como el principal indicador del grado inflamatorio en la rodilla. En contraste, la relación entre el dolor manifestado por los pacientes y los biomarcadores del líquido sinovial fue mucho menos consistente. Según los autores del trabajo, este desacople sugiere que una parte de los mecanismos que desencadenan el dolor podría estar mediada por factores que no quedan completamente reflejados en el perfil molecular del fluido articular.
El estudio de Oxford también evaluó variables como la obesidad, la edad y el sexo, determinando que modulan la intensidad de la afección pero sin generar formas distintas de la misma. En los pacientes con obesidad se detectó un incremento de los marcadores inflamatorios debido a la mayor carga mecánica sobre la articulación. Respecto al sexo, la transición celular fue similar en ambos, pero los procesos de coagulación y angiogénesis tuvieron mayor relevancia en los varones, lo que podría influir en la velocidad de progresión de la enfermedad.

Actualmente, la medicina no dispone de tratamientos aprobados que sean capaces de modificar la evolución estructural de la artrosis de rodilla, una condición que en 2019 afectaba a 365 millones de personas en el mundo según datos de la OMS. En este escenario, el hallazgo de un mapa molecular único promete transformar el enfoque terapéutico y reorientar la investigación farmacológica hacia el diseño de medicamentos que apunten directamente a las rutas biológicas compartidas.
Este avance facilitará la optimización de los ensayos clínicos a través de una selección de pacientes mejor sustentada en señales moleculares y con objetivos terapéuticos definidos. La caracterización biológica permitirá identificar con precisión a los grupos de personas que tienen mayores probabilidades de beneficiarse de intervenciones dirigidas a procesos específicos. Con el fin de acelerar nuevos descubrimientos, el consorcio STEpUP OA anunció que su base de datos será de acceso abierto para que científicos de todo el mundo puedan explorar y validar futuras dianas terapéuticas