Saltar al contenido

El mosquito del dengue aprende a ignorar los repelentes químicos mediante un proceso de aprendizaje conductual

El mosquito del dengue aprende a ignorar los repelentes químicos mediante un proceso de aprendizaje conductual
iStock.

Un equipo internacional de científicos ha demostrado que el mosquito transmisor del dengue, Aedes aegypti, posee la capacidad de aprender a "ignorar" el efecto de los repelentes químicos de uso común. El estudio, publicado en la revista Journal of Experimental Biology, revela que estos insectos logran asociar el olor de los protectores cutáneos con estímulos positivos, como la presencia de alimento, modificando así su respuesta instintiva de huida.

El trabajo de investigación estuvo liderado de forma conjunta por Claudio Lazzari, del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), y Clement Vinauger, de la Universidad Virginia Tech en los Estados Unidos. Para evaluar las capacidades cognitivas de los vectores, los profesionales se enfocaron exclusivamente en las hembras de Aedes aegypti, por ser las responsables de la picadura y la consecuente transmisión viral. Los hallazgos aportan claves fundamentales para comprender los retos actuales en el control de enfermedades que continúan siendo amenazas persistentes para la salud pública global, como el dengue, el Zika y la fiebre amarilla.

iStock.

El método empleado por los científicos se basó en técnicas clásicas de la psicología experimental y el condicionamiento, inspiradas de forma directa en los protocolos del fisiólogo ruso Iván Pávlov. Durante los ensayos de laboratorio, los investigadores ofrecieron alimento a los mosquitos (tanto muestras de sangre detrás de membranas artificiales que simulaban la piel humana como soluciones de azúcar) y, de manera simultánea, presentaron el repelente a base de DEET. Este compuesto químico ha sido el principio activo de referencia global en los productos protectores de la salud humana desde la década de 1940.

Tras repetir este procedimiento de condicionamiento inverso a lo largo de varios meses, el equipo observó transformaciones conductuales en una muestra de aproximadamente 30 hembras. Al percibir la recompensa alimentaria al mismo tiempo que el compuesto químico, los mosquitos redujeron drásticamente su aversión inicial. Después de pasar por la experiencia de alimentación controlada, los insectos no solo toleraban el olor del DEET, sino que comenzaban a comportarse en el entorno cerrado como si el producto hubiera dejado de representar una amenaza para su supervivencia.

iStock.

Uno de los aportes más revolucionarios del estudio fue la monitorización directa de la actividad cerebral de los insectos mediante técnicas avanzadas de electrofisiología e imágenes microscópicas. Los neurocientíficos lograron registrar con precisión cómo las señales olfativas captadas por las antenas del mosquito se integran y modulan en regiones específicas del cerebro tras el proceso de aprendizaje. Esta plasticidad neuronal demuestra que el sistema nervioso de los insectos es capaz de reconfigurar de forma dinámica sus respuestas ante estímulos ambientales inicialmente adversos o desagradables.

Los autores de la investigación precisaron que estos resultados de laboratorio no implican que los mosquitos en libertad hayan desarrollado una resistencia genética o evolutiva masiva frente al DEET. Sin embargo, el descubrimiento subraya la enorme complejidad adaptativa del vector en entornos urbanos y la necesidad urgente de diseñar estrategias innovadoras de salud pública que complementen a los repelentes de referencia, tales como el método biológico de la bacteria Wolbachia para frenar la replicación del virus dentro del insecto.

Etiquetas: Noticias

Más en Noticias

Ver todo

Más de UHN Plus — Salud

Ver todo