Un equipo de investigadores del área de Biología Celular de la Universidad de Málaga (UMA) ha marcado un hito en la bioquímica médica al diseñar una estrategia terapéutica capaz de incrementar la eficacia analgésica de la morfina. El hallazgo, publicado en la revista internacional The Journal of Pain, propone una vía innovadora para combatir dos de los problemas clínicos más severos asociados al uso prolongado de este opioide: el desarrollo de tolerancia farmacológica (que obliga a aumentar las dosis de forma continua) y el riesgo latente de dependencia y adicción.
La investigación ha logrado determinar que la clave para optimizar este analgésico radica en el sistema dopaminérgico, específicamente en el receptor D4R, una estructura molecular presente en el cerebro y en la médula espinal que hasta ahora había sido escasamente explorada en la ciencia del dolor. Los científicos identificaron que la activación selectiva de este receptor funciona como una especie de "freno" neuronal que refuerza las señales inhibitorias en la médula espinal, evitando con ello que los circuitos nerviosos del dolor entren en un estado de sobreexcitación y pierdan sensibilidad al fármaco.
La catedrática de la Facultad de Ciencias de la UMA, Alicia Rivera, coautora de este estudio, explicó que el grupo de investigación lleva más de 15 años abordando los componentes adictivos de la morfina, consolidando recientemente la línea de estudio sobre la tolerancia analgésica. Rivera enfatizó que, aunque la morfina sigue siendo la herramienta fundamental de la medicina moderna para el tratamiento de dolores agudos y crónicos de gran intensidad, la pérdida de su eficacia con el tiempo y sus efectos adversos sistémicos exigen de forma urgente la creación de tratamientos combinados que minimicen los riesgos para el paciente.

El uso continuado de sustancias opioides no solo compromete el sistema nervioso central a través de la dependencia, sino que impacta de manera perjudicial en otras funciones orgánicas, provocando una notable disminución de la función cardiorrespiratoria y problemas de estreñimiento severo debido a su interacción con los receptores intestinales. Ante este escenario, la propuesta del consorcio malagueño consiste en emplear un fármaco complementario que interactúe de forma sinérgica con el receptor D4, lo que permitiría mantener la potencia analgésica de la morfina intacta durante periodos prolongados sin la necesidad de recurrir a incrementos progresivos en la dosificación.
El estudio se ha estructurado bajo un enfoque estrictamente multidisciplinar, naciendo en el contexto de la tesis doctoral de la investigadora Marina Ponce. El proyecto estuvo liderado por el grupo de investigación y desarrollo 'IREM' de la UMA, perteneciente asimismo a la plataforma biomédica IBIMA Plataforma Bionand, y contó con la colaboración directa de expertos de los departamentos de Zoología y de Fisiología Humana de la Facultad de Medicina de Málaga, junto con la participación de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).
A pesar del optimismo y el respaldo de la comunidad científica internacional, las autoras del informe recordaron que el proyecto se encuentra actualmente en una fase inicial de desarrollo preclínico, habiendo sido testado con éxito únicamente en modelos experimentales de laboratorio. La traslación de esta terapia combinada a ensayos clínicos con seres humanos requerirá un extenso recorrido regulatorio y de bioseguridad en los próximos años. Sin embargo, el equipo ya proyecta nuevas líneas de estudio orientadas a evaluar si este mismo principio biológico es capaz de mitigar el impacto adverso de los opioides a nivel gastrointestinal.