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Científicos exigen a la OMS declarar la toxoplasmosis como enfermedad tropical desatendida

Científicos exigen a la OMS declarar la toxoplasmosis como enfermedad tropical desatendida
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Un consorcio internacional de científicos y oftalmólogos, liderado por investigadores de Brasil y Australia, ha solicitado formalmente a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que reconozca a la toxoplasmosis como una Enfermedad Tropical Desatendida (ETD). El patógeno responsable, el parásito Toxoplasma gondii, infecta actualmente a un tercio de la población mundial. A pesar de su masivo alcance y de ser la infección intraocular más común del planeta, la dolencia permanece fuera de los radares sanitarios globales, lo que limita severamente el financiamiento científico y el desarrollo de políticas públicas para su control.

La justificación de los expertos se basa en que la toxoplasmosis cumple estrictamente con los cuatro criterios que establece la OMS para catalogar una dolencia como desatendida. La patología muestra una alta prevalencia en regiones tropicales y subtropicales (siendo especialmente frecuente en comunidades vulnerables de Sudamérica), genera una carga de morbilidad grave, es completamente prevenible y carece de una atención política proporcional a su impacto. Los autores insisten en que esta clasificación formal no es un mero sello decorativo, sino una herramienta administrativa indispensable para desbloquear recursos económicos.

La transmisión del parásito ocurre por vías bien documentadas y predecibles: el consumo de carne poco cocida, la ingesta de agua o productos agrícolas contaminados, y la exposición directa a quistes presentes en las heces de felinos. Si bien la mayoría de las personas adultas y sanas cursa la infección de forma asintomática, el patógeno es capaz de alojarse en la retina y causar toxoplasmosis ocular. Esta condición daña de forma severa el tejido ocular y destruye la mácula, convirtiéndose en una de las causas principales de ceguera y pérdida permanente de la visión a nivel global.

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El escenario clínico más crítico se presenta durante el embarazo, cuando una madre infectada transmite el parásito al feto a través de la placenta. Esta condición, denominada toxoplasmosis congénita, afecta a unos 190,000 recién nacidos cada año en el mundo y puede provocar abortos espontáneos, malformaciones cerebrales irreversibles y lesiones oculares graves que empeoran con el crecimiento del niño. Las consecuencias más devastadoras de esta infección congénita se concentran en comunidades empobrecidas que carecen de controles prenatales adecuados y de acceso a sistemas de saneamiento básico.

La oftalmóloga Justine Smith, investigadora de la Universidad de Flinders en Australia, y su homólogo João Furtado, de la Universidad de São Paulo en Brasil, enfatizaron que la toxoplasmosis ha sido catalogada erróneamente como un riesgo inevitable de la convivencia entre humanos y animales. Los científicos argumentan que el impacto de la enfermedad se reduciría drásticamente mediante medidas de salud pública tradicionales, tales como auditorías de seguridad alimentaria, distribución de agua potable y la optimización de los tamizajes médicos a mujeres gestantes en los centros de atención primaria.

La incorporación de la toxoplasmosis al catálogo de las ETD permitiría integrar su prevención dentro de la agenda global "Una Salud" (One Health), promoviendo la intervención coordinada de los sectores médico, veterinario, agrícola y medioambiental. Los investigadores confían en que el respaldo de la OMS replicará los avances rápidos observados en otras dolencias que, tras ser declaradas desatendidas, lograron optimizar sus opciones terapéuticas. La declaración funciona como un llamado de alerta internacional para corregir una brecha sanitaria que sigue desamparando a millones de pacientes vulnerables.

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