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Qué es el síndrome de Dravet y cómo el diagnóstico precoz permite prevenir su grave impacto neurológico

Qué es el síndrome de Dravet y cómo el diagnóstico precoz permite prevenir su grave impacto neurológico
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El síndrome de Dravet es una enfermedad rara del neurodesarrollo de origen genético que afecta a uno de cada 15.000 nacidos, según datos de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (SENEP). Esta condición se manifiesta de forma severa antes del primer año de vida, caracterizándose por una epilepsia grave y de muy difícil control. Al tratarse de una patología de base genética, no existe un método para evitar la aparición del síndrome en sí mismo, por lo que los esfuerzos de la medicina actual se centran en la prevención secundaria: detectar la enfermedad a tiempo para frenar de forma precoz el avance de sus graves secuelas cognitivas y motoras.

La enfermedad debuta en lactantes previamente sanos mediante crisis epilépticas prolongadas y recurrentes que, con frecuencia, son desencadenadas por episodios de fiebre comunes en la infancia o por cambios térmicos ambientales. Estas primeras convulsiones representan un peligro clínico inmediato y suelen requerir asistencia en salas de urgencias debido a su potencial riesgo vital. Sin embargo, los expertos advierten que el síndrome de Dravet trasciende la epilepsia severa, transformándose con los años en un trastorno integral que compromete de forma generalizada la maduración neurológica del paciente.

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A medida que el niño crece, la persistencia de las crisis no controladas desencadena importantes comorbilidades del neurodesarrollo que merman progresivamente su autonomía. Las personas afectadas suelen desarrollar dificultades cognitivas y de aprendizaje, retrasos severos en el lenguaje y la comunicación, alteraciones motoras y del equilibrio, trastornos de conducta y problemas crónicos del sueño. En la etapa de la adolescencia y la adultez, la pérdida de independencia funcional y la dependencia absoluta de los cuidadores terminan convirtiéndose en una preocupación familiar mucho mayor que las propias manifestaciones convulsivas.

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Ante este panorama, la SENEP insiste en que la mejor estrategia de prevención consiste en la identificación temprana de las señales de alarma por parte de las familias y los profesionales sanitarios. Sospechar la presencia de la patología desde las primeras crisis convulsivas e implementar un estudio genético temprano permite a los especialistas descartar otros tipos de epilepsia. Esta detección oportuna previene la administración de fármacos contraproducentes y facilita el inicio inmediato de terapias diseñadas específicamente para el perfil genético del menor.

El tratamiento precoz y dirigido ha demostrado tener la capacidad de modificar de forma drástica la evolución natural del síndrome de Dravet, atenuando el daño cerebral acumulativo. El neuropediatra Julián Lara, portavoz de la SENEP, destaca que la investigación médica se encuentra en un momento extraordinario gracias a la medicina de precisión y las terapias dirigidas. Estas innovaciones biotecnológicas ya no solo aspiran a reducir la frecuencia de las crisis epilépticas, sino a preservar las funciones cognitivas, proteger la plasticidad neuronal y mejorar las oportunidades de desarrollo del niño.

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